Entregado hueso

Insobornable, el triste hueso a donde no llega
nunca el amor.
Vicente Aleixandre

Delicada mano que aprieta
la piel al cuerpo, casi,
casi atraviesa el hueso.
El hueso que se quiebra 
ante el roce visceral.

Se descuelgan los botones 
blancos de la luna
que paralizada mira los ojos,
sus ojos inquietos, brillantes. 

Entre susurros, se elige la palabra
que desata los nudos,
la pesada carne,
mientras se abandona el tiempo
al azar de los cuerpos. 

Coloca mi nombre
en la cálida llama 
en la que nos ocultamos. 
Cuélgame de tus hilos
sin desatarme de los míos.

Aquí anclada a un hueso 
que se encoge fuertemente al mío.







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