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Pequeño Prometeo.

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Nada queda del niño cuando crece.  Es en la mañana cuando descubre que la magia son solo hechos y posibilidades.  Se deshacen sus  ilusiones cuando el cabo se suelta del vientre. Encogido, arruga su frente, mientras sus ojos se ocultan de la mirada perturbada del mundo. Un teatro protagonizado por el engaño.  Ni un cuento, ni un beso, ni un sueño... Nada. Ni las sábanas arropaban su cuerpo, ni la vela alejaba a los fantasmas.  Fábulas con mentiras,
mentiras con cuentos chinos. La vida jugaba con el pequeño a las adivinanzas.

Con cada paso lo alejaba de su fantasía y lo acercaba a la boca del lobo. El padre le educaba con ''sé un hombre. Esto es lo que hacen los hombres'', y con aquella retahíla el lobo descuartizó los miembros del niño.
Ni la última vela pudo consumirse antes del castigo.
El lobo arrastraba los ojos por el suelo, y caminaba ciego con las uñas destrozadas y la lengua cortada.
No se atrevió a murmurar quejido alguno y emprendió su viaje al Tártaro.
Muer…