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Estelas

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¿Quién recuerda el detalle de cubrir mis hombros dormidos  y desnudos de la palidez que a veces la vida trae consigo? ¿Quién olvida los pasos acuciados entre  las piedras de la orilla y el puente torcido? Me encontraste tocada por el umbral firme de la herida pegada a mi espalda.  Susurraba mi silencio  palabras o versos de un loco poeta. Respondiste ante mi cuerpo  como un pájaro maternal  que cubre con sus cuatro brazos   las gotas llenas de solares reflejos. Callaron mis labios abiertos  ante el cuidado de tus rotas alas.  Puro el albo que decoraba la cresta y tu torso manchado de lunares y de cristales quebrados sobre la fortaleza de tu cuerpo.  ¿Quién recuerda ahora el vidrio cobrizo de tu ventana cerrada al horizonte?  ¿Quién piensa en las palabras retratadas con tierna seguridad  anclada a mis manos marchitas de deseos jamás correspondidos?  Será la voz envuelta entre las mantas acolchadas,  quien invoca el relato de tus manos  entre mis fríos hombros y mi álgido centro. 

Nuestras manos

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Coger tu mano desprevenida sin conocer el destino futuro.  Arrastrarte hacia el centro  como una ola que te aleja de la orilla.  Tomas mis dedos como una niña que vuela sobre el columpio.  Mi mano se ancla a tu espalda mientras las tuyas examinan las grietas de mi pecho. Escuchas las verdades a medias,  los silencios incómodos,  la búsqueda insaciable de calmantes, el silencio del dolor cuando nadie me mira,  las cervezas compartidas pero que jamás repetiría,  la música con la que bailo contigo  y la que canto en el espejo vacío de mi cuarto de baño.  Decirte que tú lo tienes como un puñado de arena que no se escapa, como una pupila dilatada,  como el parpadeo de una mariposa,  como el sol que no se despide de la noche,  como la tristeza que no se asoma,  como la caricia desnuda de nuestras manos. 

Cuatro mujeres

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Para R., M. y M. Cuatro mujeres en la cima de rocas flotantes con sus pensamientos claros y sus nieblas espesas cubriendo sus hombros, miran hacia un horizonte tumbado e incierto para la esperanza. Caben entre sus labios pequeñas palabras de aliento y vida para aquel que desee escucharlas. Ellos no comprenden el peso de sus cuerpos y el poder de la espera, frente a la inmediatez de los mensajes fugaces entre pantallas acaloradas de rotas promesas.  Cuatro mujeres caminan con pies ligeros como aves en busca de un lugar donde refugiarse. Desentierran heridas pasadas para curarlas cada vez que se abren al desaliento de quienes pierden el tacto de las palabras, cuando dos lenguas se funden en una sola. Construyen paredes acristaladas como plumas solares traspasadas como lanzas lóbregas en el amanecer de sus novicios huesos.  Cuatro mujeres jóvenes con toda la vida acuñada entre las grietas de sus dedos, donde un destino jamás escrito en el impulsivo precipicio de la corriente permanece lat

Dame un poco más de vida

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Un día donde la espuma del mar colorea el reflejo de tus ojos y comprendes la claridad que en ellos habita, junto con la incertidumbre de la madurez. Sientes en las puntas de cada pelo como se expande la luz que en ti crece. Ante las palabras de los otros respondes incrédula y frente a la visión, que en el espejo nunca llegas a creer por la tenebrosidad y la espina traspasada y sangrante que llevas desde tanto tiempo atrás. En un día como hoy en que las olas acarician las murallas de tu carne, caes en la cuenta de que los hilos de tu interior están ordenados, pero se estiran como dedos que quieren alcanzar el otro lado del precipicio. En un día como hoy en que los huesos abandonan el movimiento del centro acorazado, en que el amor llama a gritos a la puerta, en que el silencio se vuelve en una cálida paz de seguridad y templanza, confías en que vivir en sus manos es el sentido por el cual adoras los detalles pequeños, las palabras que se escapan de dentro a fuera, las cicatrices inefab

Fruto de la herida

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Posos de palabras afinadas en una taza vacía.  Una caricia lacrimosa  cuando se separan las columnas sólidas del costado.  Costilla magullada ante la visión deshecha  de los huesos entrelazados en la llanura plumosa. Raídas las alas  como hojas otoñales.  Respiras aliviada ante la fisura abierta de tus labios,  del centro líquido que escondes a los otros ojos, pero que hoy me entregas  sin vergüenza  y con el fruto de la herida corriendo calle abajo. 

Como dos gotas de agua

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Semejanza acompasada  como separadas flores que crecen.  Tallo de cristal  como las primeras lágrimas del recién nacido.  Miraban sus ojos a la profunda llamarada de la noche.  La tinta descolorida es olvidada  junto con mis puentes decadentes,  cuando el rayo atraviesa mi piel como un dedo que turba el agua.

Sabor, sabor

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Como una serpiente alargada nos colocamos en mitad de la calle. Tantas personas como yo esperando una caja de esperanza, una caja para matar el gusanillo, una caja de sorpresas como los huevos Kinder. Mantenemos la distancia. Mis hijos esperan en casa. Hambrientos. Muertos casi por la carencia de víveres. Les damos amor, pero eso no mata el hambre. Mi mujer está intranquila, pero se apaña con todo lo que tiene. Mientras se cuecen las patatas derrama algunas gotas de más en el fondo de la olla. Cree que no las saboreo, pero a mí la comida me sabe a tristeza.