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Encuentro

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Para mirarte solo necesité
un instante, un segundo, la caída de una lágrima.
Y fue ahí cuando
tu cuerpo se partió en dos para arroparte entre mis costillas.
Solo fue un momento en el que los huesos se abandonaron  para ser como pájaros que estiran las alas frente a la libertad.  Destruiste el reloj de tu vida para contemplar la llama que ardía en mis ojos,
la sangre que goteaba entre tus dedos, la sed que inundaba tu boca, la palabra que siempre se te escapaba, el verbo que escondiste tras tu mirada.  Como humano, solo necesitaste una vida para enamorarte. Como yo soy, solo tuve que esperarte. 

Máscara

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Todos los impulsos que nos esforzamos en ahogar  incuban en nuestra mente y nos envenenan. Oscar Wilde

Negra tez que se oscurece
tras las cortinas de la noche.
Vagabundas las manos que se queman al roce de su cuerpo,
creyendo ser experto en el juego de los espejos. Ni los ojos brillan en la tiniebla.
Arde el portador de la sombra
como un extraño sin cuerpo,
sin cabeza,
sin lágrimas que derramar.
Pérfido latido del que se arrastra
como un anzuelo para la concupiscencia.
Un mal portador del tiempo
que pierde las horas que pasan
frente al triste retrato de sí mismo.


Desesperado

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Por cruzarnos.
Querer desesperadamente. Agarrar el pecho que sostienes.
Destrozar la carne que se hunde
entre mis huesos para
maquillar la intención oscura
con que deseas mis labios.
Y tú quién eres.

Sostener entre tus manos
la lágrima que me atrapa el vientre.
Menguar la tristeza con una caricia suave.
Deslizar la palabra por todo mi ser.
A qué esperas para besarme.
Una sonrisa tuya, mía,
consuela al hueso que se consume
tristemente bajo la lluvia.


Fugaz mirada

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Para P. Un rayo a medianoche
con una sonrisa pícara
destapas la cornisa de mi pecho.
Descubriendo una tenue melodía  que susurra con cariño  las letras de tu nombre.
Latente tu mirada  sobre la cara oculta de la luna,
mi luna bonita que se descuelga  dulcemente del eterno retorno.
Tornas mi piel en arena que se desliza, que se escapa sin querrerlo de tu voz suave. Dentro de mí, un grito aparta del camino  todo lo que el cuerpo retiene,  reprime, exprime, inhibe... el deseo de los ojos que no ven, porque la sangre no escucha  solo calienta la vena  que se desliza entre tu corazón y el mío.


Tu regreso

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Como la niebla, tú desapareces.
Sin querer te ocultas
entre los hilos de la herida.
No puedo encontrar el calor de tu piel,  ni las palabras de tu sangre. Hace tiempo que la rosa
ya no respira, ni suaviza mis manos.
Lejos.
Muy lejos quedó tu cuerpo del mío. Solo ruego por una mirada,
un segundo más
para seguir esperándote.

Locura blanca

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‘‘Un árbol plantado en el jardín te saludaba mientras mirabas distraídamente desde la ventana. Un mechón de pelo se deslizaba por tu frente ancha y, en el reflejo del cristal, contemplabas a tu madre mientras fregaba los platos. Giraste la cabeza hacia ella, quien te devolvió la mirada con una sonrisa. De repente, ella dejó caer los platos y se acercó de forma extraña hacia ti, su hija. Alicia, te contuviste de gritar al examinar los ojos amarillos, los labios azulados y el rostro contraído de tu madre. Alargaste la mano y tocaste la helada piel de la muerta, mientras la llamabas diciendo: ¿Mamá? ¿Mamá? El silencio mortífero inundó tu corazón de pánico. Intentaste gritar, pero tu voz quedó muda ante la escena. De pronto, tus manos se agarraron a tu cuello y tu boca se desencajó de tu rostro desesperadamente para atrapar alguna gota de… A…I…R…E… Necesitaba… aire’’.
Abrí los ojos y me di cuenta de que había sido una pesadilla – dijo Alicia a la psiquiatra, mientras tomaba notas en una pe…

Mujer besada

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Dichosa ella
por volver a verte.
Recién nacido
de la tierra y ni siquiera
te habían visto con estos,
mis ojitos, para saborear
la sepultada carne.
Hoy, gloriosa, es
Tu cuerpo entre la fría piedra
que cubre tus hombros.
Perfumadas las manos,
me besas la cara
porque triste ha estado
estos días, esperándote.
Solo te esperaba,
sangre cálida y derramada,
por mi boca pequeña, pequeñita.
Nunca antes habías estado tan cerca,
como esta vez,
nunca antes me habías besado.