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Cuerpo pájaro

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La cuenca vacía sonríe
al pájaro muerto que vive en el pecho.
A la lágrima que cae en la perversión
de los asesinos de palabra,
de los violadores de acción, de los ambiciosos de pensamiento. Son los cuerpos humanos los que no perdonan, los que devoran la amargura del fruto  y se arrancan la piel a tiras.  Es nuestra corrupción  quien acaricia nuestros pensamientos y quien nunca olvida. 
Vive el pájaro muerto,  mientras tú caminas conmigo.




Mi asfixia

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Las manos blancas presionan mi garganta amoratada.
Los ojos vidriosos por detrás se nublan,
pierden sentido las órbitas.
Ella se desgarra por mi boca,
mientras vomito las dentinas
entre los desechos de los puños. La piel purpurea se enfría
entre unas piernas podridas.
Desgraciada la cara que me castiga  mientras mis demonios devoran las últimas delicias.
Es el cuerpo que se hincha,
el que sobrevive con el fruto de la herida,
el que aprieta las manos,
el que corta el aire de mis labios.


Esperado olvido

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Manejas el sentido del tiempo
mientras esperas que te ame.
Un cuerpo tumbado se pudre
entre las paredes pintadas.
Ese cuerpo se marchita en el olvido
que no revive su fondo blanco.
Rayas negras perfilan su piel amarillenta.
No mendigues mi cariño.
No me saludes y me hables, sin quererlo, con desprecio.
Esperas de mí algo, lo tienes.
Tú lo tienes.
Dibujado en mi pared
están las letras que chorrean
lágrimas de papel.


[Inserte un título aquí]

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La niña canta mientras llora. Encoge sus miembros ante el tacto húmedo.
El sol seca las gotas de agua
y acaricia su mejilla misteriosa. Sin rostro, la niña llora, pisa el viento que se cuela entre sus dedos,  se tambalea ante los escombros muertos del frío suelo.
Para.  A ella ya no le duele nada.  Con el sol, apacigua su mirada que contempla embelesada.  Seca sus lágrimas, acaricia su pecho. Ella se derrite como el sol que la ama en secreto. 
Él traspasa las gotas de la ventana  y la acurruca en la frente de quien ha llorado, de quien ha dormido solo, de quien nunca ha sido él mismo. Se dirige a ella, a la sin rostro. 
Soy el rayo que ama tu pupila.
Es mi pupila y de nadie más.







Converso

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Cuenta tu maldad.
Cuánto piensas lo que haces.
Escuchas el ruido, ese zumbido,
y pierdes.
Qué pierdes en el fondo del vaso,
en el último soplo del humo azulado.
No olvidas el guiño, al cómplice con el ojo tuerto.
Sí, ese eres tú.
El frío grito que se libera tras la luna,
unos párpados secos, sin vida.
Sí, ese eres tú.
En el retumbar de la marea caes con el tuerto.
Pero, no.
No llegas ahogarte en la profundidad, aunque el peso pueda más.
No llegas a fracasar, porque hay aire tras la oscuridad.
Respira
Respira
Con solo un roce, un respiro, un poco de dulce... tan dulce como la lágrima que cae, tan humano como la lengua que consuela al herido, tan bello como el beso de un amigo.
Derramas tu pecho en la orilla 
y tú 
te salvas.


Deshacerse

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Cocodrilo, hoy, cumpleaños. ¿Araña?  Mastica. Mastica el chocolate  que poquito a poco se va perdiendo. Ya no sabe cuántos ha cumplido y si seguirá cumpliendo. Se deshace la amarga memoria mientras sale por el túnel a toda prisa,
mientras la mano del capitán se desliza,
como si nada importarse


como si la última vela de cumpleaños se apagase.

Tierra mojada

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¿Qué veo? Ojos.
Unos claros árboles se asoman a la ventana lacrimosa.
Nada hay escondido
detrás de los árboles se abre un abanico.
Un abanico naranja que se desliza entre mis mejillas.
Esos ojos azules relampaguean
gritan mi nombre, me quedo quieta.
Lentamente, abro la ventana.
Ahí, ahí descansan tus ojos,
en lo mojado,  ahí dejo los míos enterrados  contigo bajo la tierra.