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Intermitente

Un niño corre por la acera de la avenida.La calle del olvido mira mientras cabalgan miles de rostros  sin tropilla y con prisa.  Ninguno le revela el vínculo ni el cordón que te rompen  al lanzar el primer grito.  Latidos acuosos,  tráfico fluido,  semáforos en intermitente.  El niño solo  se pregunta  dónde está su padre. 

Visión

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Traspasarte con los ojos como farolillos escondidos en la noche. Acariciarte con los dientes como la hierba fresca bajo la planta de los pies. Empaparte la piel de perfume, de sudor,  de mi aliento embaucador,  enamorado, desgarrador.  Esperarte inquieta bajo la sombra del sauce que ya no llora  como las plumas que se pierden, como las gotas que se escapan, como los coches que huyen de la ciudad.   Esperanzarse entre las arrugas de las pasas, entre el humo de los garbanzos madrileños,  entre el aire acondicionado.  Quedarse abierta, sin vergüenza o  dormida entre las montañas del sofá y sobre los papeles en blanco de nuestra historia. 




Fitness

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"Ejercicios para abdominales". Cliqueó y se suscribió a un nuevo canal de YouTube. "A esta mujer hay que seguirla" dijo ella mientras sostenía una tableta de chocolate Milka.



Niña perdida

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Violeta es la melena de la niña 
que camina ensangrentada  entre los oscuros abismos de la vida. Un trazo ajustado se hunde como una lengua que afila sus labios.  Se atormentan sus manos
con los finos ganchos  de su barco malherido.  La callejuela se sumerge en la niebla.  El cuerpo se derrama gota a gota como el paso de la arena.  Estira la voz en el silencio tranquilo de la noche.  Nada le responde ni el sucio aire que se desprende  en la orilla negra que sobrevive en las calles.  Un abismo se instala entre sus dientes.  Un grito ahogado se detiene en su pecho.  Nada más se puede decir  cuando el amor se instala en un pequeño paraíso.

Máscara

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Todos los impulsos que nos esforzamos en ahogar  incuban en nuestra mente y nos envenenan. Oscar Wilde

Negra tez que se oscurece
tras las cortinas de la noche.
Vagabundas las manos que se queman al roce de su cuerpo,
creyendo ser experto en el juego de los espejos. Ni los ojos brillan en la tiniebla.
Arde el portador de la sombra
como un extraño sin cuerpo,
sin cabeza,
sin lágrimas que derramar.
Pérfido latido del que se arrastra
como un anzuelo para la concupiscencia.
Un mal portador del tiempo
que pierde las horas que pasan
frente al triste retrato de sí mismo.


Tu regreso

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Como la niebla, tú desapareces.
Sin querer te ocultas
entre los hilos de la herida.
No puedo encontrar el calor de tu piel,  ni las palabras de tu sangre. Hace tiempo que la rosa
ya no respira, ni suaviza mis manos.
Lejos.
Muy lejos quedó tu cuerpo del mío. Solo ruego por una mirada,
un segundo más
para seguir esperándote.

Locura blanca

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‘‘Un árbol plantado en el jardín te saludaba mientras mirabas distraídamente desde la ventana. Un mechón de pelo se deslizaba por tu frente ancha y, en el reflejo del cristal, contemplabas a tu madre mientras fregaba los platos. Giraste la cabeza hacia ella, quien te devolvió la mirada con una sonrisa. De repente, ella dejó caer los platos y se acercó de forma extraña hacia ti, su hija. Alicia, te contuviste de gritar al examinar los ojos amarillos, los labios azulados y el rostro contraído de tu madre. Alargaste la mano y tocaste la helada piel de la muerta, mientras la llamabas diciendo: ¿Mamá? ¿Mamá? El silencio mortífero inundó tu corazón de pánico. Intentaste gritar, pero tu voz quedó muda ante la escena. De pronto, tus manos se agarraron a tu cuello y tu boca se desencajó de tu rostro desesperadamente para atrapar alguna gota de… A…I…R…E… Necesitaba… aire’’.
Abrí los ojos y me di cuenta de que había sido una pesadilla – dijo Alicia a la psiquiatra, mientras tomaba notas en una pe…