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Al límite de tu boca.

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Con una mano en el pecho jurabas que soñadas. Tus ojos se escondían tras tus párpados y los apretabas para no despertar, para no volver a lo que llaman el ''mundo real''. Por tu boca, el instinto susurraba, mientras se acercaba al límite de tu boca. Por un momento, las sombras que pernoctaban comenzaron a despertarse en la oscuridad. Tus demonios eran largas sombras que se deslizaban entre los contornos de tu cuerpo y se atrevieron a ir más allá. Casi pudieron materializarse, casi pudieron hacerse reales... Pero, inesperadamente, dijiste mi nombre. Tu boca permaneció a la espera de una respuesta en mitad del sueño. Silencio. No obtuviste respuesta, no pude entrar en tu mismo juego, porque yo estaba soñando... Pero soñaba despierta. 

La calidez entre mis dedos.

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Me he quedado embobada mirando tus ojos y cómo me mirabas. Tus palabras no acababan en tus labios y temías no explicarte. Me devolvías la mirada y solo tu sonrisa me retó a intentar entenderte. Entonces, tus manos destaparon tu cuerpo, quedando al aire todos los poros de tu piel. Una brecha decoraba la mitad de tu torso y me insinuante que si no creía, que me atreviera a navegar en aquel lugar interior que habías ido creando con el paso de los años. No lo dudé y te abrí en canal. Frente a mí surgió una oleada de colores donde no había formas. Mi vista se confundía y no sabía hacia dónde mirar. Una hermosa flor azul surgió de la confusión y en su interior moraba un olor que me hechizaba. Mi boca imaginó comer aquella delicia de olor. Mis ojos se cerraron para deleitarse en aquel deseo. Aquella flor dejó de ser grande a ser una pequeña florecilla en el camino. La inmensidad me dejó plantada al lado de la florecilla porque me encontré frente a un cielo rosado donde la luna no sonreía...

Difícil de creer.

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Lo añoro. Quiero que vuelva. ¿Es tan difícil? ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? No lo entiendo. Solo puedo seguir preguntándote. Estás diferente, sin cara ni ojos. Parece que no eres de este mundo. ¿Estás enfermo? A dónde quieres ir sin mí. De aquí no me muevo. No puedes obligarme. Todo es distinto, no soy lo que era. Soy lo que ves, no hay nada nuevo. Mi rostro, qué le pasa. No es la cara que recuerdas. No lo es, ya te lo he dicho. No he hecho nada, solo he crecido.