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Mostrando las entradas etiquetadas como historia

Navidad en Oriente

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En el principio se reveló la palabra como un triunfo insospechado. Inquebrantable como los hilos tejidos en la garganta, como promesas eternas, como instantes pintados en carretes.  Ella titilaba como una hoja al borde de las astillas que le sostenían antes de desmembrarse. Un inquieto silencio retumbaba dentro de sí como una luz deboradora entre los huesos azulados de la cadera y de las costillas.  Él hendía su ropa como una cuna de rey en la atezada tiniebla de una cueva tallada en la piedra. Poseía un beso escondido en sus párpados de padre mientras el centro materno se apoderaba de la pluma que iba a reescribir al mundo.  Al fin en el cielo un rayo sordo iluminó las cornisas de la cueva en la que un hombre y una mujer iban a dar un nombre al destino que tantos otros habían proclamado en ecos de las agujas pasadas.

Locura blanca

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‘‘Un árbol plantado en el jardín te saludaba mientras mirabas distraídamente desde la ventana. Un mechón de pelo se deslizaba por tu frente ancha y, en el reflejo del cristal, contemplabas a tu madre mientras fregaba los platos. Giraste la cabeza hacia ella, quien te devolvió la mirada con una sonrisa. De repente, ella dejó caer los platos y se acercó de forma extraña hacia ti, su hija. Alicia, te contuviste de gritar al examinar los ojos amarillos, los labios azulados y el rostro contraído de tu madre. Alargaste la mano y tocaste la helada piel de la muerta, mientras la llamabas diciendo: ¿Mamá? ¿Mamá? El silencio mortífero inundó tu corazón de pánico. Intentaste gritar, pero tu voz quedó muda ante la escena. De pronto, tus manos se agarraron a tu cuello y tu boca se desencajó de tu rostro desesperadamente para atrapar alguna gota de… A…I…R…E… Necesitaba… aire’’. Abrí los ojos y me di cuenta de que había sido una pesadilla – dijo Alicia a la psiquiatra, mientras tomaba notas e...

Sin aire

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Lo piensas a a todas horas. El papel tiembla y temes que este se deshaga como una lágrima que cae y desaparece. La lágrima se desliza por tu cara, sin dejar nada a su paso, todo se vuelve nítido y, por un momento, todo parece ser más claro. En ti, se clava la memoria y brillan las gotas de agua como heridas pasadas que el tiempo lleva consigo a arrastras. No te reconoces frente a la imagen cómica que sonríe, que se cae al suelo... De la risa. Ni tu rostro se recuerda entre los reflejos. Quizás, este no sea tu espejo y puede ser que sea el de otro. ¿Quién es el otro? Quizás, no seas dueña de ti y de tu imagen, siendo tu sombra el auténtico titiritero de esta historia. ¿Tienes miedo? ¿Miedo?- preguntó la sombra-. Tienes miedo de la oscuridad que vive en el pasillo. Temes que la sombra se despierte de su siesta y vaya detrás de ti a devorarte, a descuartizarte como un animalillo enjaulado a su destino. ¿A dónde vas?- dice la sombra- ¿A dónde vas tú, bonita? Tienes frío y te aba...

Dos mundos.

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Sedientas las arenas, en la playa  sienten del sol los besos abrasados   Rosalía de Castro Cálida danzaba su cuerpo sobre aquel lugar remoto, casi inexistente. Nadie conocía a aquel ser que acostumbraba a caminar entre las dunas del desierto. El sol calentaba su rostro, sin llegar a quemar su piel. Dibujaba hermosas flores doradas a su alrededor, ya que adoraba su figura tranquila, su desconfianza y su aliento. Aquella criatura se sumergía en las entrañas del mundo y no huía. Jamás se alejaba del placer matutino. Hincaba sus manos sobre la arena y, sin esfuerzo, desaparecía del mundo. Nadie supo jamás a dónde iba, hasta que el mar se enamoró de ella.  Mientras esperaba, la arena se deslizaba entre sus piernas. Al caer la noche, la luna volvía a asomarse a los límites del mundo e iluminaba la playa para que aquella bella criatura apaciguara la frialdad que el mar traía consigo. Él la acariciaba y apaciguaba mientras ella dormía. Él conocía sus cicatrices, sus p...

Viejo soñador.

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¿Puede mi mano ansiosa alcanzar tus estrellas? Novalis . No le preocupaba la ceniza que caía en sus manos, ni la amarillenta piel. Los signos de la edad se alargaban y los hilos de la barba competían para ver quién llegaba hasta el final. Frente a la ventana, él se levantaba en mitad de la fría noche. Alzaba su vicio al aire permitiendo que los fantasmas escaparan de su boca. Sus labios humeantes guardaban silencio en mitad de la noche por miedo a despertar a los otros que soñaban ingenuamente.  Extraños eran los ojos del ermitaño que exhalaba recuerdos de tiempos mejores y aspiraba la esperanza que tanto esperaba, pero en la que no creía. Los zapatos se pudrían y los trajes se reían de sí mismos, porque no comprendían la gracia de estar colgados en el armario. Olvidaba cuánto tiempo dedicaba al sueño y cuánto tiempo perdía hablando en silencio.Para él, no había más vida que la del sueño y solo la muerte le despertaba de golpe en mitad del día. Sentía que la luz le dañaba y ...

Blanca Navidad.

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Aquella sala era como sus películas favoritas. Las americanas eran las mejores con aquel aire de poder, superioridad y de aquella marca de la casa que solo ellos tenían. José miraba con gusto aquel falso espejo que ocupaba casi toda la pared. José sabía que ahí se encerraba el secreto y la duda acerca de su pasado, de un pasado que nunca se había atrevido a contar a María. José sabía quién era y que aquellos años de intensa juventud nunca le apartarían de su auténtico destino. A veces deseaba convencerse de que aquello no acabaría con él, quizás, él hallaría la forma de atrapar su destino y hacerlo huir. Era un necio, creía en fantasías hasta que María apareció en su vista en aquella estación de tren donde compartieron asiento y una conversación maravillosa. José estaba tranquilo, todo aquello lo había previsto, pero lo que no había visto venir fue la reacción de María. María era la pobre incrédula que se había casado con él y que ni siquiera sabía que vivía en una mentira.  A...

Sueño.

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Un solo ''chas'' y nada vuelve a ser.  Empieza a ser lo que ya no será igual.  Dejo de ser yo para ser yo.  Mi almohada está mojada. La cama se mantiene en una esquina apretada. Mi sombra solo se atreve asomarse ligeramente, sabe que mi rostro está quieto, inexpresivo, en apariencia tranquilo. Tras los cristales de mi ventana, una tormenta declara la guerra a las casas pequeñas del antiguo pueblo. El viento sacude los muros de mi casa, el aire se filtra entre las grietas del techo. Hace frío. Las nubes se ven negras, oscuras y los truenos retumban con potencia, parecen que me llaman, que me gritan. Las ventanas tiemblan ante la insistencia del aire de colarse en mi habitación. El suelo se siente vacío, muerto, donde la noche dibuja rostros y alientos que acuden a despertarme. La lluvia no es agua, es la rabia que quiere romper las ventanas. Los rayos fotografían los viejos árboles que han cavado sus raíces en la hondura de la tierra mojada, fría, viva. El techo go...

Inspírame.

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Quiero crear con cada palabra un nuevo significado que nunca nos haga perder la esperanza. Quizás no sepa ni qué es la esperanza. A veces es la luz que alumbra mi pequeño cuarto oscuro. Otras veces es un adorno que decora el cielo, pero casi siempre es un palpitar que llega a mis oídos o es Ella viniendo a verme. Lo atrapo en mi ser. ¿Qué será aquello que esconde mi propia alma? Cuanta sencillez tienen las cosas para introducirse en mi cuerpo y cambiarlo por completo.  No podría tener un reloj en las manos. Creo que me volvería loca. Loca... Loca como el que se sabe enamorado, como el que reconoce estar enamorado, como el que no duda de que está siendo mientras es, somos, y son.  Quizás lo que me da realmente miedo es caer en la decadencia del desencanto y saberme los trucos por vieja. Si miro ahora, empieza a ser para mí un pasado lejano. Vuelvo a mirar el reloj, y el futuro incierto se aproxima, se alimenta de mi ansia, de mi alma, de mi vida. Me deja  exhausta y con ...

Reflejo.

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Sus padres le habían hecho entrar en aquella habitación. La habitación era blanca y sin ventanas, sin ninguna luz natural, salvo el color blanco de las paredes. Miraba a su alrededor y para su sorpresa solo había un espejo. El espejo era antiguo y alto, casi rozaba el techo. Estaba decorado con un marco plateado y pequeñas piedras preciosas que empezaron a brillar cuando el niño se acercó. En el espejo, se reflejaba un niño de 13 años. Su pelo estaba revuelto y sus ojos miraban con inquietud. Sus ojos mostraban una luz especial. El muchacho quería apartar los ojos, pero le era imposible. Estaba hipnotizado y sentía que tenía que seguir mirando. Entonces, ante el muchacho apareció un joven fuerte y valiente. Mostraba una espada en su mano derecha y vestía una ropa que jamás había visto antes. Era una camisa de manga larga marrón y unos pantalones verdes oscuros que se introducían dentro de unas botas negras y altas. Aquel muchacho miraba al niño y le guiñó un ojo. Detrás de él, apareció...