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Mostrando las entradas etiquetadas como vida.

Otra ronda

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¿Por qué tenemos esa obsesión de perdurar en la vida? ¿Por qué deseamos que las burbujas nos atrapen en mitad del tiempo? Ir en busca de una dirección que sea la acertada. ¿Qué pasa si no lo es? ¿Qué pasa si al tomar la fluidez nos equivocamos? ¿Cuál es el límite del error? ¿Cuánto es el porcentaje permitido como falta leve en un partido amistoso? Nosotros, somos los pájaros que echan a correr por tierra, las alas se paralizan para descubrir otros caminos. Imagina un espacio jamás construido como un castillo sobrevolando las enormes olas del océano.  Creer que la anchura no existe como un último suspiro antes de derramar la lágrima en el fracaso. Nosotros, somos la materialización de la vida, tenemos la capacidad de comprobar nuestras propias acciones y las de los demás.  Somos como violines en mitad del ruido.  Somos lágrimas contenidas en licores, somos caricias tomadas en brazos como adultos recién nacidos. Nosotros, somos la vida que se estanca, que se ahoga, que se b...

La serenata de los pájaros

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Raíces profundas en las que se inscribe el silencio de una carretera frecuentada por pájaros de cola blanca.  Una chispa baila bajo la falda de la luna como un niño gitano enredado a las puertas de la juventud. Una copa llena de vida en la que unos pocos, muy pocos, fluyen sus labios entre el tiempo y la muerte.  Podría beber tu copa como si fuera perfume silencioso que se derrama por la camisa. La piel acoge el regreso de la soledad cuando quiere estar acompañada.  La noche agranda sus brazos como las alas de los pájaros que recitan en plena madrugada.

Madrid me mata

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Olvido los susurros de los pájaros  cuando la madrugada cerrada  levanta su falda en horas imprudentes,  pero es el tiempo de la juventud.  En mitad de las anaranjadas farolas se unen las sombras  en caricias furtivas,  casi desesperadas.  Se bifurca la amistad como trapecistas en la balanza. Se comprueban los mensajes aislados en la pantalla.  Se saborea el reguetón como un narcótico placentero, que no mata a nadie. Acaroladas las plumas,  las crestas y el orgullo como ceniza cubierta de  calientes abrazos que se apagan como cigarros en el aire.

Estelas

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¿Quién recuerda el detalle de cubrir mis hombros dormidos  y desnudos de la palidez que a veces la vida trae consigo? ¿Quién olvida los pasos acuciados entre  las piedras de la orilla y el puente torcido? Me encontraste tocada por el umbral firme de la herida pegada a mi espalda.  Susurraba mi silencio  palabras o versos de un loco poeta. Respondiste ante mi cuerpo  como un pájaro maternal  que cubre con sus cuatro brazos   las gotas llenas de solares reflejos. Callaron mis labios abiertos  ante el cuidado de tus rotas alas.  Puro el albo que decoraba la cresta y tu torso manchado de lunares y de cristales quebrados sobre la fortaleza de tu cuerpo.  ¿Quién recuerda ahora el vidrio cobrizo de tu ventana cerrada al horizonte?  ¿Quién piensa en las palabras retratadas con tierna seguridad  anclada a mis manos marchitas de deseos jamás correspondidos?  Será la voz envuelta entre las mantas acolchadas,  quien invoca e...

Nuestras manos

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Coger tu mano desprevenida sin conocer el destino futuro.  Arrastrarte hacia el centro  como una ola que te aleja de la orilla.  Tomas mis dedos como una niña que vuela sobre el columpio.  Mi mano se ancla a tu espalda mientras las tuyas examinan las grietas de mi pecho. Escuchas las verdades a medias,  los silencios incómodos,  la búsqueda insaciable de calmantes, el silencio del dolor cuando nadie me mira,  las cervezas compartidas pero que jamás repetiría,  la música con la que bailo contigo  y la que canto en el espejo vacío de mi cuarto de baño.  Decirte que tú lo tienes como un puñado de arena que no se escapa, como una pupila dilatada,  como el parpadeo de una mariposa,  como el sol que no se despide de la noche,  como la tristeza que no se asoma,  como la caricia desnuda de nuestras manos. 

Dame un poco más de vida

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Un día donde la espuma del mar colorea el reflejo de tus ojos y comprendes la claridad que en ellos habita, junto con la incertidumbre de la madurez. Sientes en las puntas de cada pelo como se expande la luz que en ti crece. Ante las palabras de los otros respondes incrédula y frente a la visión, que en el espejo nunca llegas a creer por la tenebrosidad y la espina traspasada y sangrante que llevas desde tanto tiempo atrás. En un día como hoy en que las olas acarician las murallas de tu carne, caes en la cuenta de que los hilos de tu interior están ordenados, pero se estiran como dedos que quieren alcanzar el otro lado del precipicio. En un día como hoy en que los huesos abandonan el movimiento del centro acorazado, en que el amor llama a gritos a la puerta, en que el silencio se vuelve en una cálida paz de seguridad y templanza, confías en que vivir en sus manos es el sentido por el cual adoras los detalles pequeños, las palabras que se escapan de dentro a fuera, las cicatrices inefab...

Sabor, sabor

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Como una serpiente alargada nos colocamos en mitad de la calle. Tantas personas como yo esperando una caja de esperanza, una caja para matar el gusanillo, una caja de sorpresas como los huevos Kinder. Mantenemos la distancia. Mis hijos esperan en casa. Hambrientos. Muertos casi por la carencia de víveres. Les damos amor, pero eso no mata el hambre. Mi mujer está intranquila, pero se apaña con todo lo que tiene. Mientras se cuecen las patatas derrama algunas gotas de más en el fondo de la olla. Cree que no las saboreo, pero a mí la comida me sabe a tristeza.

Tu regreso

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Como la niebla, tú desapareces. Sin querer te ocultas entre los hilos de la herida. No puedo encontrar el calor de tu piel,  ni las palabras de tu sangre. Hace tiempo que la rosa ya no respira, ni suaviza mis manos. Lejos. Muy lejos quedó tu cuerpo del mío. Solo ruego por una mirada, un segundo más para seguir esperándote.

Bajo la misma piel

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Lo hermoso de ese mucho  es agarrar una parte de la infinidad que hay en dicha palabra. En tu boca suena a infinito, a serenidad, a esperanza, a intensidad. Ahí radica el origen de mi cuerpo y el sentido por el que el reloj gira sin perder el tiempo. Soy fruto de la voz creadora, cuyo lenguaje hechiza mis miembros y los mueve al antojo de tus letras. Letras torcidas, las leo como tu criatura, las comprendo como del alma que se piensa, que se toca como tus letras. Soy el ser que habita en tu piel y no descansa de la dicha que se trunca en la desesperanza.  ¡Aquí! ¡Aquí, tienes mis lágrimas para liberarme de la naturaleza que me esclaviza con palabras corrientes! Eres el ojo en mi ojo, eres la tinta que se desparrama, eres la piedra angular que vive en la sangre. ¿Acaso no soy parte de tu sangre? ¿No soy la gota que cae y teme embellecer? ¿No soy el mismo rostro que se dobló y que ahora aparece, de pronto, coloreado? Somos uno en otro. Somos la carn...

Extranjeros.

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‘‘En conversaciones con amigos más jóvenes (…)  me doy cuenta, por sus preguntas estupefactas,  de hasta qué punto lo que para mí   sigue siendo una realidad evidente,  para ellos se ha convertido  en histórico o inimaginable.’’ Stefan Zweig, El mundo de ayer . Entre la muchedumbre escuchaba un quejido lastimero. El sonido era irritante, se repetía por todo el vagón. Todos miraban hacia el fondo, pero ninguna cara se correspondía con el desgarro de aquella voz. Esa voz se arrastraba por las paredes del tren como si le estuvieran matando lentamente, como si la masa le estuviera presionando fuertemente la garganta. Entonces, la voz empezó avanzar hacia mí. Entre la oleada de personas, pude vislumbrar un hombre, un hombre pequeño, un hombre que lloraba. Su boca dibujaba una mueca y sus dientes no se mostraban. La saliva caía de su boca y su cuerpo se arrastraba entre la masa. Se agarraba como podía para no acabar en el suelo, un suelo que le e...

A Lola

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Sientes que te han arrancado un trozo donde se refugiaban tus juguetes, tus muñecas. Pierdes el sentido de lo que has perdido y del porqué decidiste perderlo. Siempre está en su sitio, dónde lo habrás puesto. Se ríen de ti. No lo encuentras. No sabes dónde está Lola... Cuántas veces en la cama ha dormido Lola y te ha dicho que siempre estará contigo, que siempre estará para ti. Joder, ayer no dormiste con Lola. Le dijiste que esta vez era verdad, que se acabó todo. Te atreviste hacerlo porque querías estirar los brazos sola, o sin su presencia, o en otra compañía. Te dio igual, le tocaste la oreja y se la besaste. No le dedicaste ninguna palabra, solo un beso. Un beso que vendía promesas, vendía más tiempo al tiempo, vendía más inocencia que picardía. Fuiste tan típica, que ni te molestaste en esperar a que se marchara. ¿Hoy? Hoy, no he visto a Lola. Seguro que está en tu casa, esperando, tirada en cualquier rincón de la casa. Ella sabe que volverás, que le traic...

La cruz frente al desierto

Sola la cruz frente al desierto moja la espalda de lágrimas pintadas. Cae el rostro por el cuerpo y yo recojo la sangre derramada. Caen los clavos de mis manos. El Calvario se despierta enfurecido. Se hace tarde. Los huesos se quiebran. Sola la llama se mengua en las tinieblas. Se encoge el pecho del hombre muerto. Cae la noche en el monte sin luz.

Viejo soñador.

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¿Puede mi mano ansiosa alcanzar tus estrellas? Novalis . No le preocupaba la ceniza que caía en sus manos, ni la amarillenta piel. Los signos de la edad se alargaban y los hilos de la barba competían para ver quién llegaba hasta el final. Frente a la ventana, él se levantaba en mitad de la fría noche. Alzaba su vicio al aire permitiendo que los fantasmas escaparan de su boca. Sus labios humeantes guardaban silencio en mitad de la noche por miedo a despertar a los otros que soñaban ingenuamente.  Extraños eran los ojos del ermitaño que exhalaba recuerdos de tiempos mejores y aspiraba la esperanza que tanto esperaba, pero en la que no creía. Los zapatos se pudrían y los trajes se reían de sí mismos, porque no comprendían la gracia de estar colgados en el armario. Olvidaba cuánto tiempo dedicaba al sueño y cuánto tiempo perdía hablando en silencio.Para él, no había más vida que la del sueño y solo la muerte le despertaba de golpe en mitad del día. Sentía que la luz le dañaba y ...