Bajo la misma piel

Lo hermoso de ese mucho es agarrar una parte de la infinidad que hay en dicha palabra.
En tu boca suena a infinito, a serenidad, a esperanza, a intensidad.
Ahí radica el origen de mi cuerpo y el sentido por el que el reloj gira sin perder el tiempo.
Soy fruto de la voz creadora, cuyo lenguaje hechiza mis miembros y los mueve al antojo de tus letras. Letras torcidas, las leo como tu criatura, las comprendo como del alma que se piensa, que se toca como tus letras.
Soy el ser que habita en tu piel y no descansa de la dicha que se trunca en la desesperanza. 
¡Aquí! ¡Aquí, tienes mis lágrimas para liberarme de la naturaleza que me esclaviza con palabras corrientes!

Eres el ojo en mi ojo,
eres la tinta que se desparrama,
eres la piedra angular que vive en la sangre.
¿Acaso no soy parte de tu sangre?
¿No soy la gota que cae y teme embellecer?
¿No soy el mismo rostro que se dobló y que ahora aparece, de pronto, coloreado?

Somos uno en otro.
Somos la carne que vive bajo la misma piel.




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