Sabor, sabor

Como una serpiente alargada nos colocamos en mitad de la calle.
Tantas personas como yo esperando una caja de esperanza,
una caja para matar el gusanillo,
una caja de sorpresas como los huevos Kinder.
Mantenemos la distancia.
Mis hijos esperan en casa.
Hambrientos.
Muertos casi por la carencia de víveres.
Les damos amor, pero eso no mata el hambre.
Mi mujer está intranquila,
pero se apaña con todo lo que tiene.
Mientras se cuecen las patatas
derrama algunas gotas de más en el fondo de la olla.
Cree que no las saboreo,
pero a mí la comida me sabe a tristeza.

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