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Esta es mi caída.

Sale mi oscuridad, solo veo tu luz. Admiro quién eres, rechazo lo que es mío. Sale mi excusa, solo grito de rabia. Me caigo y te miro. Esta es mi caída. Delante y detrás. Lo recuerdo todo. No me escondo, tú ya me has encontrado. Esa arma daña, no escondo la mano, la dejo caer y no sé quién soy. Esta es mi caída. Arrodillado y tembloroso, me dejo caer. Aprieto los dientes, lo dejo todo salir. Sale todo y vuelvo a caer. Mi caída ha tocado fondo, he desatado todo. He perdido la razón. Grito como un loco. Pido justicia. Después, nada de eso me consuela. Después pienso. Después de la caída, Después de todo, estás tú.

Reflejo.

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Sus padres le habían hecho entrar en aquella habitación. La habitación era blanca y sin ventanas, sin ninguna luz natural, salvo el color blanco de las paredes. Miraba a su alrededor y para su sorpresa solo había un espejo. El espejo era antiguo y alto, casi rozaba el techo. Estaba decorado con un marco plateado y pequeñas piedras preciosas que empezaron a brillar cuando el niño se acercó. En el espejo, se reflejaba un niño de 13 años. Su pelo estaba revuelto y sus ojos miraban con inquietud. Sus ojos mostraban una luz especial. El muchacho quería apartar los ojos, pero le era imposible. Estaba hipnotizado y sentía que tenía que seguir mirando. Entonces, ante el muchacho apareció un joven fuerte y valiente. Mostraba una espada en su mano derecha y vestía una ropa que jamás había visto antes. Era una camisa de manga larga marrón y unos pantalones verdes oscuros que se introducían dentro de unas botas negras y altas. Aquel muchacho miraba al niño y le guiñó un ojo. Detrás de él, apareció...

Klear, la ninfa de la muerte.

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Había una vez un hada en el Bosque Perdido. Ella era la más hermosa de las criaturas. Ella era Anell. El resto de los seres fantásticos la conocían porque ella solía volar alrededor del lago. Parecía que el agua mística la hipnotizara. Todas las mañanas cuando se despertaba, Anell iba a la orilla del lago, y veía a los peces comer y a los ogros como dormían bajo los árboles. Un día, Anell vio un hombre montado a caballo al lado de la montaña. El hombre fue en busca de su amante porque él prometió volver a verla después de la Gran Guerra. Anell sabía quién era el jinete. Esa noche, cuando el sol todavía estaba en el cielo, el jinete del caballo montó hacia la Montaña para conocer a Anell. Anell tenía en sus brazos el cuerpo de la mujer que buscaba el jinete. El jinete del caballo tocó el cuerpo frío de su amada. Ella estaba muerta. El jinete del caballo no podía creerlo. Anell comenzó el entierro para que el dolor se apaciguara. El cuerpo de la mujer yacía en hojas verdes y al...

No era tonta.

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Una vez me dijeron que era intensa. Sonrisa  bonita. Pelo largo y ojos cristalinos, brillantes y fuertes. Nada pesaba a sus espaldas porque Ella era feliz. Tenía una sensibilidad envidiable, una fuerza maravillosa y pocas veces se dejaba intimidar por nadie. Había aprendido sobre ello desde muy pequeña. Nadie le quitaba sus ansias de vivir y de vivir muy bien acompañada. Era joven y presumida. Era preciosa por fuera y por dentro. Belleza en sí misma era. ¿Defectos? Tenía muchos, pero un cariño acogedor tenía ante aquellos a los que amaba. Ella no quería, ella amaba. Podría parecer amenazadora, pero las apariencias engañan y en su caso ella relucía. Se ganaba un hueco por su genio, su orgullo y su firmeza. No era débil, ni pesimista. Ella era fuerte y superviviente. Ella era y es una heroína para mí. Porque los héroes del día a día me impresionan, en cambio nunca se hacen películas sobre ellos. Quiero escribir y hacer una película con su nombre, pero para qué. Para qué voy a mostr...

Tu nombre.

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Tu nombre sale de mis labios. Tus mariposas bailan en mi tripa. Mis ojos caen en tu hechizo. Soy toda tuya y de nadie más. Soy lo poco que soy. Soy tu costilla y tus ojos. Soy tu herida atravesada. Soy tu esposa durante el amanecer. Soy tu hija en la oscuridad. Mi alma se pega a tu amor. Mi cuerpo brilla, decorado con cicatrices. Adornado con el perfume de tu sangre. Adornado con tu amor. Adornado con tu agua. En mí está tu nombre tatuado. En mí queda tu corazón clavado. Mis alas en mi espalda, me voltean, me elevan. Creces mis alas, me envuelves en ellas. Cierro los ojos, ya no temo, ya no hay fronteras, ni muros, ni sombras. Solo hay silencio bien acompañado. Solo queda nuestro sol. Solo quedamos tú y yo.

Impresión.

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Ahora entiendo la belleza de su alma. Estaba escrito que un día moriría. Ni tú ni el mundo pensaba que fuera tan pronto.  Dicen que la oscuridad da miedo,  de hecho yo la temo, pero temo ser olvidada. Temo que olviden mi nombre y que lo único que quede de mí en esta tierra sean mis cenizas. Hoy no puedo olvidar un nombre. Nunca antes había escuchado ese nombre. Retumbó en mis oídos por sorpresa. Ese nombre inspiró un dolor y un abrazo. Solo sé que aquel nombre vivió y fue feliz. ¿Cómo lo sé?  Me lo susurró un sonido que nadie más oía. Era una campanilla que cantaba desde mi pecho. Parecía que tuviera vida propia. Mientras pensaba eso, la campanilla ya no sonaba y no me decía nada. El cielo se ha levantado dos veces con un vestido rosa. Parece que quiere honrar ese nombre. Parece que el cielo regala esas vistas porque algo ha cambiado. Venera a ese nombre dulce y valiente. Mientras el mundo sigue girando y no para. El cielo se pinta de rosa. Me agrada y le doy las ...

Sufro porque...

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Han vuelto a abandonarme. Me he vuelto a enfadar, pero no he pedido explicaciones. ¿Por qué?  Porque las sé y no sé si quiero escucharlas. No sé, pero no eres el mismo. Has cambiado. ¿Tan mal lo hice? ¿Qué hice? Nada. ¿Qué has hecho tú? Acobardarte. Huir. Poner tierra de por medio. Salir corriendo. Desaparecer. Y lo mejor, abandonarme. ¿Qué quieres que te pida? ¿Perdón? ¿Por qué?  No tengo cuentas pendientes. Con tu silencio me torturas y tu orgullo te vuelve ciego. Tanto que no ves el camino que estás pisando. Tengo la esperanza de que vuelvas la mirada y me mires. Y recuerdes lo que prometiste. No estoy acostumbrada a que me abandonen y a que me den la espalda. Perdóname sino me acostumbro a eso. Tú lo has hecho maravillosamente. Te pediría consejo, pero es que ni me hablas. Ni me quieres ver. ¿Qué fui?  ¿Qué era para ti?  Ambos lo sabemos, pero has cambiado. A veces sueño contigo y no veo nada que no conozca. Aunque la realidad es peor porque veo cosas que no...