Silencios del cuerpo.

Ella ya sangraba como las rosas. El pijama estaba mojado. De entre las piernas surgía un grito, una lágrima, una espina. Desde que su madre la trajo al mundo, siempre había estado sangrado. 

Hace mucho tiempo. Sí, tú ya sangrabas. Antes de ser mujer, tú ya sangrabas. Se derramaban tus esperanzas, mientras sangrabas por dentro y ella corría por tus ojos. No había sombras en casa. Aquel día solo estaba ella entre las sábanas mojadas. Llamaste y ella te dijo lo que tenías que hacer. Lo hiciste. Lo hiciste sola. Siempre sola, frente al espejo, maltratada y violada por los ojos de los extraños. Eras la juzgada, la apedreada, la bruja, la insegura, la indefensa, la que casi aparece muerta... Siempre has hecho de lo mismo, siempre era el mismo papel. Amiga, dime dónde. Dónde has aprendido a metamorfosearte. Enséñame, donde lo has hecho. 

Lo he hecho yo sola, cuerpo. Yo sola. Al principio era de piedra, ahora soy carne. Soy la carne fría. Soy de hueso frágil y me rompo en pedazos con un solo roce. Con solo un roce me desato, me abandono, me dejo seducir por la compañía, por el brillo, por el reflejo, por cualquier cosa… Entonces, salgo corriendo y, de nuevo, voy a buscarte. Te busco a ti, a ti. A ti, cuerpo, que tanto me comprendes y me acoges en ti mismo. Me acurruco en la sombra y lloro. Dejo que ella se me escape de los dedos, de la boca, de los pulmones. Lo expulso fuera, porque a veces no todo cabe dentro de mí. Un cuerpo tan pequeño, tan blando, tan frío... Cómo pueden suceder tantas cosas desde que nací. Quién quiere sobrevivir dentro de mí. Durante cuánto tiempo estaré sangrando. Para siempre, amiga, para siempre. Dime, cuerpo, dónde hay un remedio para curarme. Dónde hay un medicamento para drogarme. Dónde está la vida a la que poder aferrarme. 

Desde que nací,ya sangraba.
Ella empapaba los hilos de mi piel.
Nací marcada con manchas en la cara
y sin ninguna palabra.








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