Cuatro mujeres

Para R., M. y M.

Cuatro mujeres en la cima de rocas flotantes con sus pensamientos claros y sus nieblas espesas cubriendo sus hombros, miran hacia un horizonte tumbado e incierto para la esperanza. Caben entre sus labios pequeñas palabras de aliento y vida para aquel que desee escucharlas. Ellos no comprenden el peso de sus cuerpos y el poder de la espera, frente a la inmediatez de los mensajes fugaces entre pantallas acaloradas de rotas promesas. 

Cuatro mujeres caminan con pies ligeros como aves en busca de un lugar donde refugiarse. Desentierran heridas pasadas para curarlas cada vez que se abren al desaliento de quienes pierden el tacto de las palabras, cuando dos lenguas se funden en una sola. Construyen paredes acristaladas como plumas solares traspasadas como lanzas lóbregas en el amanecer de sus novicios huesos. 

Cuatro mujeres jóvenes con toda la vida acuñada entre las grietas de sus dedos, donde un destino jamás escrito en el impulsivo precipicio de la corriente permanece latente entre sus uñas limpias de carne amada y quemada entre la madera deshecha de líquido placer y bollos industriales. Se acunan las miradas sobre sus ojos de colores, sobre sus tersas frentes y sus labios brillantes. La atracción se precipita entre las estrellas y las venas claras de sus piernas. 

La vida pasa por ellas como una visión improvisada de una verdad certera, de un camino espinoso de flores y de causalidades inesperadas. La vida de cuatro mujeres que algún día serán madres. 



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