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Silencios del cuerpo.

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Ella ya sangraba como las rosas. El pijama estaba mojado. De entre las piernas surgía un grito, una lágrima, una espina. Desde que su madre la trajo al mundo, siempre había estado sangrado.  Hace mucho tiempo. Sí , tú ya sangrabas. Antes de ser mujer, tú ya sangrabas. Se derramaban tus esperanzas, mientras s angrabas por dentro y ella corría por tus ojos. No había sombras en casa. Aquel día solo estaba ella e ntre las sábanas mojadas.  Llamaste y ella te dijo lo que tenías que hacer. Lo hiciste. Lo hiciste sola. Siempre sola, frente al espejo, maltratada y violada por los ojos de los extraños. Eras la juzgada, la apedreada, la bruja, la insegura, la indefensa, la que casi aparece muerta... Siempre has hecho de lo mismo, siempre era el mismo papel. Amiga, dime dónde. Dónde has aprendido a metamorfosearte . Enséñame, donde lo has hecho.  Lo he hecho yo sola, cuerpo. Yo sola.  Al principio era de piedra, ahora soy carne. Soy la carne fría. Soy de hueso frágil y me...

Detenido.

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Mis pliegues blandos contra su piel en penumbra tapados contra mi débil pecho se encogen los cuerpos, se rozan las grietas del placer y se consumen los gritos mortales. Entra en mi boca, consumiéndome hasta el último minuto. Me acaricia. Mientras -vulnerable- me deshago, como un pálido árbol, como una mujer anciana, como un reloj parado.

Tu liberación.

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Es inconsciente el cigarro en tus manos. Es el sol quien anula tu vista. Es la mano quien posee las costillas de la carne. La llama en la cabeza. Es el humo quien te libera. Son las palabras quienes te delatan. Esa barba blanca solo es ceniza. Solo el sol calienta y tu aliento apesta a ausencia.

Viejo soñador.

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¿Puede mi mano ansiosa alcanzar tus estrellas? Novalis . No le preocupaba la ceniza que caía en sus manos, ni la amarillenta piel. Los signos de la edad se alargaban y los hilos de la barba competían para ver quién llegaba hasta el final. Frente a la ventana, él se levantaba en mitad de la fría noche. Alzaba su vicio al aire permitiendo que los fantasmas escaparan de su boca. Sus labios humeantes guardaban silencio en mitad de la noche por miedo a despertar a los otros que soñaban ingenuamente.  Extraños eran los ojos del ermitaño que exhalaba recuerdos de tiempos mejores y aspiraba la esperanza que tanto esperaba, pero en la que no creía. Los zapatos se pudrían y los trajes se reían de sí mismos, porque no comprendían la gracia de estar colgados en el armario. Olvidaba cuánto tiempo dedicaba al sueño y cuánto tiempo perdía hablando en silencio.Para él, no había más vida que la del sueño y solo la muerte le despertaba de golpe en mitad del día. Sentía que la luz le dañaba y ...

Al desnudo.

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Frente al papel en blanco no sé qué hacer con Ella. Arranca lo que hay en la mesa y dibuja surcos sin sentido. No pienses en qué dirá, solo sigue la flecha y Ella te dirá cuando parar. Al principio es en la mesa, luego, en la calle y sin darte cuenta hasta en la cama. El lugar no importa. Ella te tira de la chaqueta y te hace ser niño, madre, viejo, enfermo, genio, mentiroso, enamorado. Te arranca lo que llevas y te deja al desnudo. Te deshaces entre sus contornos, te ahogas entre sus párrafos, te acostumbras a lo cómodo y te abandonas al final del punto. Te acurrucas en la cama. La manta es suya y a ti te queda el Tártaro. Pierdes las cuentas de arena. Las cenizas quedan en la arena y lo que fue vida son olvidos y promesas no cumplidas. Fueron dueños de su letra, pero no recuerdan ser propietarios de las ideas. Ella cae sobre tus hombros y te recuerda a la musa, a la lira, a la naturaleza, a la cuenca de tus ojos y a las chimeneas grises de Alemania.     Ell...

Le había vuelto loco.

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Cojo el cepillo de dientes, echo la pasta dentífrica y me meto el cepillo en la boca. Uno, dos, tres… Cada mañana, Harold Qrick cogía su cepillo de dientes y deslizaba la pasta blanca entre sus pequeños dientes. Harold no podía evitar contar cuántas veces se cepillaba cada parte de su boca. Parecía que se trataba más de un trabajo que de una acción cotidiana . Dejo de contar. ‘’¿Quién está ahí?’’ - gritó -. ‘’¡Hola! ¿Hola?’’ Vuelvo a contar. Uno, dos tres, cuatro, cinco… Harold trabajaba mucho, era su principal defecto, aunque él no se atrevía a reconocerlo. Harold era inspector de Hacienda y no hablaba mucho de ello, porque… ‘’¡Quién está ahí!’’ - gritó de nuevo -. ‘’¡Quién eres!’’ Harold se sacó de golpe el cepillo de dientes y se dirigió al aire, preguntándole quién era. Harold no solía despertarse con ganas de hablarle al viento, pero hoy deseaba ser otro… Estoy helado. Escucho una voz. Me atrevo hablar. ‘’De acuerdo si eres mi conciencia no sé por qué hablas de mí todo ...

Quiero tu Palabra.

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Quiero tu Palabra. Deseo rozar tu Palabra con los labios y que la punta de mis dedos se deslice por tu gran memoria. Deseo clavar mis entrañas entre tus grietas, tus arrugas, tus achaques. Tu Palabra en mis ojos. Tus ojos con los míos y mis labios en tu Palabra. La luz tintinea cuando te aproximas. Te aferras a la luz para no dejarte consumir por la oscuridad. La cueva se llena de luz. Una luz oscura y ardiente. Su sombra proyecta más sombras y nos deja el uno frente al otro. No deseas desaparecer. Tu Palabra dibuja círculos anaranjados, una flor sale de ti y viene a por mí. No me aparto, me diste tu Palabra. Tu Palabra se desliza por mis ojos y baja por mi garganta. Vuelven a mi boca palabras, palabras rotas, proféticas, preñadas, ariscas, humanas… Tus palabras dejan huellas en mi memoria y tú recoges la música que emerge de mi interior. La coges y vuelves a repetir mis palabras. Mi música sigue saliendo de mi pecho, casi puedes rozar con tu cabeza mis palabras. Te acercas mucho ...