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A Lola

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Sientes que te han arrancado un trozo donde se refugiaban tus juguetes, tus muñecas. Pierdes el sentido de lo que has perdido y del porqué decidiste perderlo. Siempre está en su sitio, dónde lo habrás puesto. Se ríen de ti. No lo encuentras. No sabes dónde está Lola... Cuántas veces en la cama ha dormido Lola y te ha dicho que siempre estará contigo, que siempre estará para ti. Joder, ayer no dormiste con Lola. Le dijiste que esta vez era verdad, que se acabó todo. Te atreviste hacerlo porque querías estirar los brazos sola, o sin su presencia, o en otra compañía. Te dio igual, le tocaste la oreja y se la besaste. No le dedicaste ninguna palabra, solo un beso. Un beso que vendía promesas, vendía más tiempo al tiempo, vendía más inocencia que picardía. Fuiste tan típica, que ni te molestaste en esperar a que se marchara. ¿Hoy? Hoy, no he visto a Lola. Seguro que está en tu casa, esperando, tirada en cualquier rincón de la casa. Ella sabe que volverás, que le traic...

Dos mundos.

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Sedientas las arenas, en la playa  sienten del sol los besos abrasados   Rosalía de Castro Cálida danzaba su cuerpo sobre aquel lugar remoto, casi inexistente. Nadie conocía a aquel ser que acostumbraba a caminar entre las dunas del desierto. El sol calentaba su rostro, sin llegar a quemar su piel. Dibujaba hermosas flores doradas a su alrededor, ya que adoraba su figura tranquila, su desconfianza y su aliento. Aquella criatura se sumergía en las entrañas del mundo y no huía. Jamás se alejaba del placer matutino. Hincaba sus manos sobre la arena y, sin esfuerzo, desaparecía del mundo. Nadie supo jamás a dónde iba, hasta que el mar se enamoró de ella.  Mientras esperaba, la arena se deslizaba entre sus piernas. Al caer la noche, la luna volvía a asomarse a los límites del mundo e iluminaba la playa para que aquella bella criatura apaciguara la frialdad que el mar traía consigo. Él la acariciaba y apaciguaba mientras ella dormía. Él conocía sus cicatrices, sus p...

Siestá

Voy a Tu encuentro entre el valle y la niebla. Hacia mí caminas descalzo. Tus manos arrancan de mis entrañas las llagas de mi ojo. Mi boca deja de estar seca. Mi cabeza se despierta de la siesta, se siente a salvo. ¿Dónde? En ninguna parte, sino en Ti.

La cruz frente al desierto

Sola la cruz frente al desierto moja la espalda de lágrimas pintadas. Cae el rostro por el cuerpo y yo recojo la sangre derramada. Caen los clavos de mis manos. El Calvario se despierta enfurecido. Se hace tarde. Los huesos se quiebran. Sola la llama se mengua en las tinieblas. Se encoge el pecho del hombre muerto. Cae la noche en el monte sin luz.

Al límite de tu boca.

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Con una mano en el pecho jurabas que soñadas. Tus ojos se escondían tras tus párpados y los apretabas para no despertar, para no volver a lo que llaman el ''mundo real''. Por tu boca, el instinto susurraba, mientras se acercaba al límite de tu boca. Por un momento, las sombras que pernoctaban comenzaron a despertarse en la oscuridad. Tus demonios eran largas sombras que se deslizaban entre los contornos de tu cuerpo y se atrevieron a ir más allá. Casi pudieron materializarse, casi pudieron hacerse reales... Pero, inesperadamente, dijiste mi nombre. Tu boca permaneció a la espera de una respuesta en mitad del sueño. Silencio. No obtuviste respuesta, no pude entrar en tu mismo juego, porque yo estaba soñando... Pero soñaba despierta. 

Silencios del cuerpo.

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Ella ya sangraba como las rosas. El pijama estaba mojado. De entre las piernas surgía un grito, una lágrima, una espina. Desde que su madre la trajo al mundo, siempre había estado sangrado.  Hace mucho tiempo. Sí , tú ya sangrabas. Antes de ser mujer, tú ya sangrabas. Se derramaban tus esperanzas, mientras s angrabas por dentro y ella corría por tus ojos. No había sombras en casa. Aquel día solo estaba ella e ntre las sábanas mojadas.  Llamaste y ella te dijo lo que tenías que hacer. Lo hiciste. Lo hiciste sola. Siempre sola, frente al espejo, maltratada y violada por los ojos de los extraños. Eras la juzgada, la apedreada, la bruja, la insegura, la indefensa, la que casi aparece muerta... Siempre has hecho de lo mismo, siempre era el mismo papel. Amiga, dime dónde. Dónde has aprendido a metamorfosearte . Enséñame, donde lo has hecho.  Lo he hecho yo sola, cuerpo. Yo sola.  Al principio era de piedra, ahora soy carne. Soy la carne fría. Soy de hueso frágil y me...

Detenido.

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Mis pliegues blandos contra su piel en penumbra tapados contra mi débil pecho se encogen los cuerpos, se rozan las grietas del placer y se consumen los gritos mortales. Entra en mi boca, consumiéndome hasta el último minuto. Me acaricia. Mientras -vulnerable- me deshago, como un pálido árbol, como una mujer anciana, como un reloj parado.