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Al desnudo.

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Frente al papel en blanco no sé qué hacer con Ella. Arranca lo que hay en la mesa y dibuja surcos sin sentido. No pienses en qué dirá, solo sigue la flecha y Ella te dirá cuando parar. Al principio es en la mesa, luego, en la calle y sin darte cuenta hasta en la cama. El lugar no importa. Ella te tira de la chaqueta y te hace ser niño, madre, viejo, enfermo, genio, mentiroso, enamorado. Te arranca lo que llevas y te deja al desnudo. Te deshaces entre sus contornos, te ahogas entre sus párrafos, te acostumbras a lo cómodo y te abandonas al final del punto. Te acurrucas en la cama. La manta es suya y a ti te queda el Tártaro. Pierdes las cuentas de arena. Las cenizas quedan en la arena y lo que fue vida son olvidos y promesas no cumplidas. Fueron dueños de su letra, pero no recuerdan ser propietarios de las ideas. Ella cae sobre tus hombros y te recuerda a la musa, a la lira, a la naturaleza, a la cuenca de tus ojos y a las chimeneas grises de Alemania.     Ell...

Le había vuelto loco.

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Cojo el cepillo de dientes, echo la pasta dentífrica y me meto el cepillo en la boca. Uno, dos, tres… Cada mañana, Harold Qrick cogía su cepillo de dientes y deslizaba la pasta blanca entre sus pequeños dientes. Harold no podía evitar contar cuántas veces se cepillaba cada parte de su boca. Parecía que se trataba más de un trabajo que de una acción cotidiana . Dejo de contar. ‘’¿Quién está ahí?’’ - gritó -. ‘’¡Hola! ¿Hola?’’ Vuelvo a contar. Uno, dos tres, cuatro, cinco… Harold trabajaba mucho, era su principal defecto, aunque él no se atrevía a reconocerlo. Harold era inspector de Hacienda y no hablaba mucho de ello, porque… ‘’¡Quién está ahí!’’ - gritó de nuevo -. ‘’¡Quién eres!’’ Harold se sacó de golpe el cepillo de dientes y se dirigió al aire, preguntándole quién era. Harold no solía despertarse con ganas de hablarle al viento, pero hoy deseaba ser otro… Estoy helado. Escucho una voz. Me atrevo hablar. ‘’De acuerdo si eres mi conciencia no sé por qué hablas de mí todo ...

Quiero tu Palabra.

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Quiero tu Palabra. Deseo rozar tu Palabra con los labios y que la punta de mis dedos se deslice por tu gran memoria. Deseo clavar mis entrañas entre tus grietas, tus arrugas, tus achaques. Tu Palabra en mis ojos. Tus ojos con los míos y mis labios en tu Palabra. La luz tintinea cuando te aproximas. Te aferras a la luz para no dejarte consumir por la oscuridad. La cueva se llena de luz. Una luz oscura y ardiente. Su sombra proyecta más sombras y nos deja el uno frente al otro. No deseas desaparecer. Tu Palabra dibuja círculos anaranjados, una flor sale de ti y viene a por mí. No me aparto, me diste tu Palabra. Tu Palabra se desliza por mis ojos y baja por mi garganta. Vuelven a mi boca palabras, palabras rotas, proféticas, preñadas, ariscas, humanas… Tus palabras dejan huellas en mi memoria y tú recoges la música que emerge de mi interior. La coges y vuelves a repetir mis palabras. Mi música sigue saliendo de mi pecho, casi puedes rozar con tu cabeza mis palabras. Te acercas mucho ...

Blanca Navidad.

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Aquella sala era como sus películas favoritas. Las americanas eran las mejores con aquel aire de poder, superioridad y de aquella marca de la casa que solo ellos tenían. José miraba con gusto aquel falso espejo que ocupaba casi toda la pared. José sabía que ahí se encerraba el secreto y la duda acerca de su pasado, de un pasado que nunca se había atrevido a contar a María. José sabía quién era y que aquellos años de intensa juventud nunca le apartarían de su auténtico destino. A veces deseaba convencerse de que aquello no acabaría con él, quizás, él hallaría la forma de atrapar su destino y hacerlo huir. Era un necio, creía en fantasías hasta que María apareció en su vista en aquella estación de tren donde compartieron asiento y una conversación maravillosa. José estaba tranquilo, todo aquello lo había previsto, pero lo que no había visto venir fue la reacción de María. María era la pobre incrédula que se había casado con él y que ni siquiera sabía que vivía en una mentira.  A...

Alivio.

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Aquella figura se levantaba entre la luz y la oscuridad. Aquella figura perfilada mostraba un ojo que brillaba en la oscuridad, brillaba con un azul embrujado que te encogía el corazón con solo mirarle una pestaña. Su rostro era afilado con unos labios delicados que temían pronunciar alguna palabra. Su piel era mármol con pequeñas estrías que deformaban la superficie de su cuerpo. Su clavícula marcaba el principio de una sombra quebrada. Una sombra que no se reconocía como pareja de aquella figura. Su rostro azulado y pálido tenía la mirada perdida. El ojo azulado se contemplaba, sin saber a quién miraba. El ojo no se reconocía en el reflejo de aquella luz y aquella oscuridad que le daba a conocer una nueva mitad que antes ni poseía, ni conocía, ni que creía que iba a llegar a conocer. Me acerqué con temor de destruir aquella imagen de conocimiento, de auténtico horror. Me acerqué a pesar del riesgo de que aquella figura, de que aquella mujer, se deshiciera entre mis brazos abandonánd...

Sueño.

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Un solo ''chas'' y nada vuelve a ser.  Empieza a ser lo que ya no será igual.  Dejo de ser yo para ser yo.  Mi almohada está mojada. La cama se mantiene en una esquina apretada. Mi sombra solo se atreve asomarse ligeramente, sabe que mi rostro está quieto, inexpresivo, en apariencia tranquilo. Tras los cristales de mi ventana, una tormenta declara la guerra a las casas pequeñas del antiguo pueblo. El viento sacude los muros de mi casa, el aire se filtra entre las grietas del techo. Hace frío. Las nubes se ven negras, oscuras y los truenos retumban con potencia, parecen que me llaman, que me gritan. Las ventanas tiemblan ante la insistencia del aire de colarse en mi habitación. El suelo se siente vacío, muerto, donde la noche dibuja rostros y alientos que acuden a despertarme. La lluvia no es agua, es la rabia que quiere romper las ventanas. Los rayos fotografían los viejos árboles que han cavado sus raíces en la hondura de la tierra mojada, fría, viva. El techo go...

Inspírame.

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Quiero crear con cada palabra un nuevo significado que nunca nos haga perder la esperanza. Quizás no sepa ni qué es la esperanza. A veces es la luz que alumbra mi pequeño cuarto oscuro. Otras veces es un adorno que decora el cielo, pero casi siempre es un palpitar que llega a mis oídos o es Ella viniendo a verme. Lo atrapo en mi ser. ¿Qué será aquello que esconde mi propia alma? Cuanta sencillez tienen las cosas para introducirse en mi cuerpo y cambiarlo por completo.  No podría tener un reloj en las manos. Creo que me volvería loca. Loca... Loca como el que se sabe enamorado, como el que reconoce estar enamorado, como el que no duda de que está siendo mientras es, somos, y son.  Quizás lo que me da realmente miedo es caer en la decadencia del desencanto y saberme los trucos por vieja. Si miro ahora, empieza a ser para mí un pasado lejano. Vuelvo a mirar el reloj, y el futuro incierto se aproxima, se alimenta de mi ansia, de mi alma, de mi vida. Me deja  exhausta y con ...