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El cielo cabe en una mano

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Aunque aún no lo sepas eres como el ojo del huracán, como la danza de dos mariposas,  como el dulce más rico, como un susurro entre el ruido del tráfico,  como un barranco que se extiende bajo tus pies, como una mirada sin palabras, como una cuerda amarrada a la costa,  como un cuento con felicidad inabarcable,  como un roce efímero en el brazo, como el pájaro azul escondido en la cabeza,  como el relámpago, como el tiempo esperado, como el cambio en el rumbo,  como la violencia de tus dedos al abrazarme, como el silencio que se cuela entre tú y yo,  como la esperanza, como compartir el mismo aire,  como confesar tus debilidades,  como besar a la noche.  Quien lo probó lo sabe.

Endurecerse

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Provarse la piel clara como una mariposa que se encoge.  Fundirse el camino de mis labios  por el interior de tus botones.  Enfurecerse la mano  que se acoge a la palidez.  Desmayarse a la resistencia del dorso.  Atreverse a deslizar las aristas como el transitar de tu océano y el latido como hueco que inunda los cuerpos en la vida.  Darse el cielo como promesa efímera de un amor que muere. 

Agua viva

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Cuando el dolor se instala se necesita la espina de una rosa para suavizar el brillo de la tristeza. El agua se abre camino entre los labios, la acunas entre tus dedos  y se deshacen los problemas,  se desprenden como plumas en el aire. Siempre vuelves como la calidez del amante,  como la escucha de un amigo y como la riqueza de un marido.

Como pétalos en el aire

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Permanece oculto a los ojos como sal en el agua. Se bifurca el horizonte  como un cielo plegado sobre sí mismo,  apaciguado  ante la atenta mirada de él. Ella dibuja flores entre las grietas del papel  como el alumbramiento de quien mira sin pupilas. Se aclara la alegría  entre el hueco de sus pechos como pétalos en el aire.

Otra ronda

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¿Por qué tenemos esa obsesión de perdurar en la vida? ¿Por qué deseamos que las burbujas nos atrapen en mitad del tiempo? Ir en busca de una dirección que sea la acertada. ¿Qué pasa si no lo es? ¿Qué pasa si al tomar la fluidez nos equivocamos? ¿Cuál es el límite del error? ¿Cuánto es el porcentaje permitido como falta leve en un partido amistoso? Nosotros, somos los pájaros que echan a correr por tierra, las alas se paralizan para descubrir otros caminos. Imagina un espacio jamás construido como un castillo sobrevolando las enormes olas del océano.  Creer que la anchura no existe como un último suspiro antes de derramar la lágrima en el fracaso. Nosotros, somos la materialización de la vida, tenemos la capacidad de comprobar nuestras propias acciones y las de los demás.  Somos como violines en mitad del ruido.  Somos lágrimas contenidas en licores, somos caricias tomadas en brazos como adultos recién nacidos. Nosotros, somos la vida que se estanca, que se ahoga, que se b...

Feliz tristeza

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Cruzarse entre las brillantes luces que tararean canciones.  Desvelarse en un pestañeo  como un segundo atrapado en el espejo de una cámara.  Imaginarse bailando entre la nostalgia y la esperanza.  ¿Qué esperar cuando no se espera nada? Lágrimas azules que se bifurcan por la curva de tu rostro mientras contemplas la alegría que lucha por vivir en mí  para no esconderse,  aunque la lluvia sece mis ojos,  aunque la tristeza me susurre melodías.  Aún no sabes lo que es,  pero tu voz no miente y tú me consumes  en una mirada.

Arriesgada espera

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Alcanzar una puerta y desconocer que hay al otro lado. El riesgo de saber si es o no, si saldrá adelante o se marchitará. Antes, era todo más descolorido e idealizaba la capacidad de atrapar el amor como un juguete sorpresa del menú infantil. Mentira, todo eso son mentiras. Después, el mundo se me quedó tan estrecho como una caja de cerillas. Las velas han dejado de deshacerse para alumbrar dentro de la habitación. Las ventanas están abiertas y por primera vez, recuerdo como hacerle perder tiempo al tiempo. La esperanza es una proteína diaria y nadie la consume. Me alegro de ser adicta y de poseer esa lucidez que las palabras regalan. Nos han enseñado a mantener el cuerpo como un templo. Pero ¿qué hacer cuando quieres que alguien se quede, que se arriesgue y decida saltar sin paracaídas? A mí nadie me ha explicado nada y hacerse adulto te hace transformarte... En algo intermedio entre gusano y mariposa. 

La serenata de los pájaros

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Raíces profundas en las que se inscribe el silencio de una carretera frecuentada por pájaros de cola blanca.  Una chispa baila bajo la falda de la luna como un niño gitano enredado a las puertas de la juventud. Una copa llena de vida en la que unos pocos, muy pocos, fluyen sus labios entre el tiempo y la muerte.  Podría beber tu copa como si fuera perfume silencioso que se derrama por la camisa. La piel acoge el regreso de la soledad cuando quiere estar acompañada.  La noche agranda sus brazos como las alas de los pájaros que recitan en plena madrugada.

¿Vas a quedarte?

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Dicen tantas cosas de ti que no sé ni lo que eres. ¿Cómo voy a reconocerte? ¿Qué es lo que llevas puesto? Me dices que soy superficial, que nada de lo que llevas por fuera me dice quién eres. Amor, cuéntame, quién eres. A dónde tengo que ir a buscarte.  No puedes estar tan lejos, porque aquí adentro hay costillas rotas que protegen mi centro helado y sediento. ¿Cómo voy a encontrarte? Dicen que siga el camino de las mariposas. Pero qué narices es eso. Te escapas como la tierra que devuelvo, como la arena de la playa, como las conchas. ¿Y por qué no te quedas conmigo? Me agarro a las barras de acero. ¿Vas a quedarte?  "Pero quién eres tú, poeta, que se te llena la boca de palabras baratas, de dudas existenciales y me ruegas que me quede contigo. Pero tú quién eres. Acaso te atreves a poseerme, a anclarme en un camino para que hagas lo que quieras. No. No, y, repito, no. Si al verme no me reconoces, es por la necesidad de alimentar tu centro acolchado entre las rendijas de tu ca...

Ciudad azul

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Casas abandonadas en la arena junto con los castillos devorados y por los aires. Una mujer camina descalza por las sombras de la ciudad como una raíz desbordante de vida. Amor azul como Darío frente a la decadencia de las luces del siglo, azul el coño de Correyero, azul como las pupilas de Béquer, azul como el tiempo del beso de Aleixandre entre las nubes, azul como el rostro de algunos transeúntes.  Fe cautelosa en el traspaso de la piel como la costura de las palabras en el hueso. Habla en el silencio como manos crédulas al azar de la casa de apuestas. Sus tres ojos se bifurcan por las carreteras como el sol, la luna y las agujas que conviven en el centro, decorando la niebla que se cuela entre los hilos de sus hijos, entre las semillas que se entierran para regalar más flores a la fachada de nuestra ciudad.

Conmigo

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Deslizar los dedos por tu cuello como mis abalorios afinados al cisne de tu camiseta. Acompañarte desde lejos como un trozo de papel que se escabulle de los montones grises. Invocarte en cualquier momento del día como las luces que se cuelgan de mis ojos ahumados.  Arrastrarte conmigo  como una máquina que acaricia las curvas de la carretera.   Limpiarte las gotas contenidas como una mujer.  Respirar el trayecto de vuelta a casa como romero abrazado a las puntas de tu pelo. 

Llévame

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Llévame por florecientes meandros que despiertan la fuente con lágrimas abiertas de azules deseos y vieja juventud. Llévame por los hilos que cubre  tu rostro de felicidad triste  como la caída de las hojas antes y después de la calentura solar.  Llévame por tejados nocturnos  y abiertos a la inmensidad de las palabras  como las botellas compartidas entre amigos,  entre labios y miradas fugaces. Llévame por la acera de tu boca  como un niño que juega hacia el borde.  Llévame por las venas cruzadas  como coches jadeantes entre zebras salvajes.  Llévame por las arrugas de tu almohada como pestañas caídas en sueños.  Llévame contigo  y no me alejes más.

Caen palabras de tus ojos

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Se talla la mirada como un mensaje diminuto y escondido en una botella. Se preocupa el iris por el fulgor de las palabras pintadas en un lienzo blanco, muy blanco como la tinta corrida.  Líneas gruesas como el rímel,  palabras tatuadas en la piel erizada  de la lluvia y en el paseo del pelo  desmigado en estelas azules.  ¿Cómo pueden unas letras  expandir las pupilas hacia  los límites de una galaxia enana?  ¿Cómo se asume el golpe  de las imágenes en la vida  ínfima de unos labios entreabiertos?  ¿Cómo puede el amor acuñarse  entre renglones y nunca más salir al encuentro? Una sola gota  limpia la comisura de cupido  mientras la memoria como una bala  escucha la mar entre sus crujientes pasos,  como el verso perfumado de Quevedo  y como el cuello de una camisa  devorada por la tribulación  de unas caricias en la arena.

Navidad en Oriente

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En el principio se reveló la palabra como un triunfo insospechado. Inquebrantable como los hilos tejidos en la garganta, como promesas eternas, como instantes pintados en carretes.  Ella titilaba como una hoja al borde de las astillas que le sostenían antes de desmembrarse. Un inquieto silencio retumbaba dentro de sí como una luz deboradora entre los huesos azulados de la cadera y de las costillas.  Él hendía su ropa como una cuna de rey en la atezada tiniebla de una cueva tallada en la piedra. Poseía un beso escondido en sus párpados de padre mientras el centro materno se apoderaba de la pluma que iba a reescribir al mundo.  Al fin en el cielo un rayo sordo iluminó las cornisas de la cueva en la que un hombre y una mujer iban a dar un nombre al destino que tantos otros habían proclamado en ecos de las agujas pasadas.

Madrid me mata

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Olvido los susurros de los pájaros  cuando la madrugada cerrada  levanta su falda en horas imprudentes,  pero es el tiempo de la juventud.  En mitad de las anaranjadas farolas se unen las sombras  en caricias furtivas,  casi desesperadas.  Se bifurca la amistad como trapecistas en la balanza. Se comprueban los mensajes aislados en la pantalla.  Se saborea el reguetón como un narcótico placentero, que no mata a nadie. Acaroladas las plumas,  las crestas y el orgullo como ceniza cubierta de  calientes abrazos que se apagan como cigarros en el aire.

Estelas

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¿Quién recuerda el detalle de cubrir mis hombros dormidos  y desnudos de la palidez que a veces la vida trae consigo? ¿Quién olvida los pasos acuciados entre  las piedras de la orilla y el puente torcido? Me encontraste tocada por el umbral firme de la herida pegada a mi espalda.  Susurraba mi silencio  palabras o versos de un loco poeta. Respondiste ante mi cuerpo  como un pájaro maternal  que cubre con sus cuatro brazos   las gotas llenas de solares reflejos. Callaron mis labios abiertos  ante el cuidado de tus rotas alas.  Puro el albo que decoraba la cresta y tu torso manchado de lunares y de cristales quebrados sobre la fortaleza de tu cuerpo.  ¿Quién recuerda ahora el vidrio cobrizo de tu ventana cerrada al horizonte?  ¿Quién piensa en las palabras retratadas con tierna seguridad  anclada a mis manos marchitas de deseos jamás correspondidos?  Será la voz envuelta entre las mantas acolchadas,  quien invoca e...

Nuestras manos

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Coger tu mano desprevenida sin conocer el destino futuro.  Arrastrarte hacia el centro  como una ola que te aleja de la orilla.  Tomas mis dedos como una niña que vuela sobre el columpio.  Mi mano se ancla a tu espalda mientras las tuyas examinan las grietas de mi pecho. Escuchas las verdades a medias,  los silencios incómodos,  la búsqueda insaciable de calmantes, el silencio del dolor cuando nadie me mira,  las cervezas compartidas pero que jamás repetiría,  la música con la que bailo contigo  y la que canto en el espejo vacío de mi cuarto de baño.  Decirte que tú lo tienes como un puñado de arena que no se escapa, como una pupila dilatada,  como el parpadeo de una mariposa,  como el sol que no se despide de la noche,  como la tristeza que no se asoma,  como la caricia desnuda de nuestras manos. 

Cuatro mujeres

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Para R., M. y M. Cuatro mujeres en la cima de rocas flotantes con sus pensamientos claros y sus nieblas espesas cubriendo sus hombros, miran hacia un horizonte tumbado e incierto para la esperanza. Caben entre sus labios pequeñas palabras de aliento y vida para aquel que desee escucharlas. Ellos no comprenden el peso de sus cuerpos y el poder de la espera, frente a la inmediatez de los mensajes fugaces entre pantallas acaloradas de rotas promesas.  Cuatro mujeres caminan con pies ligeros como aves en busca de un lugar donde refugiarse. Desentierran heridas pasadas para curarlas cada vez que se abren al desaliento de quienes pierden el tacto de las palabras, cuando dos lenguas se funden en una sola. Construyen paredes acristaladas como plumas solares traspasadas como lanzas lóbregas en el amanecer de sus novicios huesos.  Cuatro mujeres jóvenes con toda la vida acuñada entre las grietas de sus dedos, donde un destino jamás escrito en el impulsivo precipicio de la corriente perm...

Dame un poco más de vida

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Un día donde la espuma del mar colorea el reflejo de tus ojos y comprendes la claridad que en ellos habita, junto con la incertidumbre de la madurez. Sientes en las puntas de cada pelo como se expande la luz que en ti crece. Ante las palabras de los otros respondes incrédula y frente a la visión, que en el espejo nunca llegas a creer por la tenebrosidad y la espina traspasada y sangrante que llevas desde tanto tiempo atrás. En un día como hoy en que las olas acarician las murallas de tu carne, caes en la cuenta de que los hilos de tu interior están ordenados, pero se estiran como dedos que quieren alcanzar el otro lado del precipicio. En un día como hoy en que los huesos abandonan el movimiento del centro acorazado, en que el amor llama a gritos a la puerta, en que el silencio se vuelve en una cálida paz de seguridad y templanza, confías en que vivir en sus manos es el sentido por el cual adoras los detalles pequeños, las palabras que se escapan de dentro a fuera, las cicatrices inefab...

Fruto de la herida

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Posos de palabras afinadas en una taza vacía.  Una caricia lacrimosa  cuando se separan las columnas sólidas del costado.  Costilla magullada ante la visión deshecha  de los huesos entrelazados en la llanura plumosa. Raídas las alas  como hojas otoñales.  Respiras aliviada ante la fisura abierta de tus labios,  del centro líquido que escondes a los otros ojos, pero que hoy me entregas  sin vergüenza  y con el fruto de la herida corriendo calle abajo.